Friday, July 22, 2005

La espera ha terminado.

Iré publicando los capítulos por post, porque se me hace muy largo poner los 9 que tengo en uno solo.

Acá va el primero. Disfrútenlo, y después podemos ir comentando con la opinión de cada uno.

HARRY POTTER Y EL PRINCIPE MESTIZO

Capítulo 1:

El Otro Ministro

Era cerca de la medianoche, y el Primer Ministro estaba sentado solo en su oficina, leyendo un largo memorando que se cruzaba por su cabeza sin dejar el más pequeño rastro de entendimiento. Esperaba una llamada de un Presidente de un país muy lejano, y entre preguntándose cuándo el irritante hombre llamaría, y tratando de olvidar recuerdos desagradables de lo que había sido una larga, agotadora y dificultosa semana, no había más espacio en su cabeza para algo más. Lo más que intentó fue enfocar su vista en las impresiones de la página que estaba frente a él, lo más claro que el Primer Ministro pudo ver era la regodeada cara de sus opositores políticos. Este oponente particular había aparecido en las noticias ese mismo día, no sólo para enumerar las terribles cosas que habían ocurrido la última semana (como si alguien necesitaba que se las recuerden), pero también para explicar por qué cada uno y todos ellos era la falla del gobierno.
El pulso del Primer Ministro se aceleraba ante la gravedad de aquellas acusaciones que no eran ni justas ni verdaderas. ¿Cómo demonios iba a hacer el gobierno para detener el colapso de ese puente? Era un ultraje para quien sugiriera que no se habían ocupado de los puentes. El puente tenía unos 10 años, y los mejores expertos estaban perdidos al intentar explicar por qué se había dividido claramente en dos, enviando una docena de automóviles a las profundidades marinas del río. ¿Y cómo nadie podría atreverse a sugerir que la ausencia de la policía era la causante de esos dos desagradables y bien publicados asesinatos? ¿O que el gobierno debería haber previsto aquel peculiar huracán en el West Country que había causado grandes daños tanto a personas como propiedades materiales? ¿Y era su culpa que uno de sus Ministros jóvenes, Herbert Clorkley, eligiera esta semana para actuar tan peculiarmente que ahora estaba pasando más tiempo con su familia?
'Una severa atmósfera ha azotado al país,' había concluido el oponente, apenas consolando su amplia sonrisa.
Y, desafortunadamente, esto era perfectamente verdad. El Primer Ministro se sintió a sí mismo; la gente se veía más miserable que de lo común. Hasta el tiempo era horroroso; toda esta fresca neblina a mitad de Julio ... No estaba bien, no era normal ...
Pasó a la segunda hoja del memorando, vio cuán larga era, y trabajó sin ganas. Estirando sus brazos por encima de su cabeza, recorrió su oficina mirando mortificadamente. Era una habitación muy agradable, con un fino hogar-chimenea de mármol frente a la gran faja de la ventana, firmemente cerrada para enfrentar el destemporado frío. Con un suave tiritar, el Primer Ministro se paró y se dirigió hasta la ventana, mirando la delgada neblina que lo presionaba contra el cristal. Fue cuando, mientras permanecía de espaldas a la habitación, escuchó un débil estornudo detrás de él.
Sintió frío, cara a cara con su propio reflejo en el que se veía una mirada miedosa en el oscuro vidrio. Él conocía esa tos. La había escuchado antes. Se dio vuelta, lentamente, para ponerse nuevamente de frente a la habitación.
'¿Hola?' Dijo, tratando de sonar más valiente de lo que se sentía.
Por un breve momento se esperanzó en que nadie pudiese responderle. Sin embargo, una voz respondió al unísono, una fría y decisiva voz que sonaba como si estuviese leyendo una declaración ya preparada. Venía - como el Primer Ministro se imaginó gracias al primer tosido - del pequeño hombre parecido a una rana, que tenía una larga y plateada cabellera que estaba descripta en una pequeña, sucia y antigua pintura en la lejana esquina de la habitación.
'Para el Primer Ministro de los Muggles. Visita Urgente. Amablemente respondió inmediatamente. Atentamente, Fudge.' El hombre en la pintura miró inquietamente al Primer Ministro.
'Este,' dijo el Primer Ministro, 'escucha ... no es un buen momento para mí ... estoy esperando una llamada telefónica, ya ves ... del presidente de ...'
'Eso puede cambiarse,' dijo el portarretratos al unísono. El corazón de Primer Ministro se sobresaltó. Había tenido miedo al respecto.
'Pero preferiría hablar-'
'Podríamos arreglar para que el presidente se olvide de llamar. Llamará mañana en la noche,' dijo el pequeño hombre. 'Amablemente respóndale inmediatamente al Señor Fudge.'
'Yo ... oh ... muy bien,' dijo el Primer Ministro débilmente. 'Sí, veré a Fudge.'
Se volvió a su escritorio, acomodándose su corbata mientras se iba. Apenas había dejado su asiento, y cambiado su cara en lo que esperó sea una expresión relajada y sin muestra de nada, cuando unas llamas verdes brillantes rompieron en el lugar, en la vacía reja que estaba debajo de la chimenea de mármol. Miró, tratando de no demostrar un parpadeo de sorpresa o alarma, cuando un hombre de porte se apareció de entre las llamas, dando vueltas tan rápido como un topo. Segundo después, se había incorporado a una muy antigua y agradable alfombra, sacándose las cenizas de las mangas de su larga capa a rayas, y de su sombrero en forma de palangana de color verde-lima que llevaba en una de sus manos.
'Ah... Primer Ministro, ' dijo Cornelius Fudge, estrechándole su mano. 'Encantado de volverlo a ver.'
El Primer Ministro no pudo devolver honestamente este gesto, por lo que no dijo nada. No estaba para nada encantado de ver a Fudge, el cual se había aparecido en ocasiones, aparte de ser de evidentes alarmas, generalmente significaban que iba a escuchar muy malas noticias. Sin embargo, Fudge se veía agobiado. Estaba más delgado, canoso y grisáceo, y su cara tenía una mirada un tanto arrugada. El Primer Ministro ya había visto ese tipo de miradas en los políticos con anterioridad, y nunca lo notaba amigable.
'¿En qué te puedo ayudar?' Dijo, estrechando la mano de Fudge por un corto instante y gesticulando hacia una de las sillas más macizas que estaba frente al escritorio.
'Difícil de saber por dónde comenzar,' murmuró Fudge, parando la silla, sentándose y poniendo su verde sombrero en sus rodillas. 'Qué semana... qué semana...'
'¿También tuviste una mala semana?' Preguntó el Primer Ministro forzadamente, tratando de transmitir así que ya tenía bastante en su plato sin ninguna ayuda de Fudge.
'Sí, por supuesto,' dijo Fudge, entornando sus ojos y mirando malhumoradamente al Primer Ministro. 'He tenido la misma semana que tuvo usted, Primer Ministro. El Puente Brockdale ... los Bones y los asesinos Vance ... sin mencionar lo del West Country ...'
'Tu - este - tu - me refiero a, algunas de tu personas en el Oeste - estuvieron involucradas en esas - esas cosas, ¿no?'
Fudge reparó en el Primer Ministro con una mirada un tanto severa.
'Por supuesto que estuvieron involucradas,' dijo. '¿Seguramente se dio cuenta lo que está ocurriendo?'
'Yo...' vaciló el Primer Ministro.
Era precisamente este tipo de comportamiento el que hacía que le gustaran tan poco las visitas de Fudge. Era, después de todo, el Primer Ministro, y no apreciaba ser tratado como un ignorante joven colegial. Pero, desde ya, había sido así desde su primer encuentro con Fudge en su primera tarde como Primer Ministro. Le recordaba como si hubiese ocurrido ayer y sabía que llevaría ese fantasma hasta el día de su muerte.
Había estado solo en su oficina, saboreando su triunfo luego de tantos años de sueños e imaginaciones, hasta que escuchó una tos detrás de él, igual que esta noche, y darse vuelta para descubrir que el pequeño y feo portarretratos que le hablaba, anunciando que el Ministro de Magia estaba por llegar e introducirlo.
Naturalmente, había pensado que la larga campaña y el esfuerzo había causado que se vuelva loco. Se había aterrorizado al ver que un portarretratos le hablaba, a pesar de que esto no había sido nada de lo que había sentido al enterarse que un autoproclamado mago se había aparecido de entre el fuego y estrechado su mano. Se había quedado sin habla a lo largo de la amable explicación de Fudge de que había magos y brujas aún viviendo en secreto en todo el Mundo, y sus tranquilizantes de que no iba a molestarlos, ya que el Ministerio de magia tomaba toda la responsabilidad de toda la Comunidad Mágica, y prevenía que la población no mágica supiera de su existencia. Era, dijo Fudge, un trabajo muy dificultoso que acompañaba a todo lo referente con regulaciones del uso responsable de las escobas para mantener a la población de dragones bajo control (el Primer Ministro se recordaba agarrándose del escritorio para enfrentar este tema). Fudge había golpeado la espalda del boquiabierto Ministro en un modo un tanto paternal.
'Nada de qué preocuparse,' había dicho, 'sería extraño que no me vuelvas a ver. Te molestaré si hay algo realmente serio que ocurra en nuestro lugar, algo que puede afectar preferentemente a los Muggles - la población no-mágica, debería decir. De lo contrario, hay que vivir y dejar vivir. Y debo decir, que lo estás tomando mucho mejor que tu predecesor. Él intentó tirarme por la ventana, como si fuese un espía planeado por la oposición.'
A todo esto, el Primer Ministro había tomado la palabra al final.
'¿Tú no eres - tú no eres un espía, entonces?'
Había sido su último, y desesperado deseo.
'No,' dijo Fudge gentilmente. 'No, me temo que no. Mira.'
Y había convertido la taza de té del Primer Ministro en un gerbil.
'Pero,' dijo el Primer Ministro sin aire, viendo su taza de té mordisqueándose en la esquina de su próximo discurso, 'pero, ¿por qué - por qué nadie me lo dijo?'
'El Ministro de Magia solo le revela a él o ella, que son el Primer Ministro de los Muggles al día,' dijo Fudge, guardando su varita en su campera. 'Encontramos que esta es la mejor manera de mantener el secreto'
'Pero luego,' baló el Primer Ministro, '¿por qué un ya formado Primer Ministro no me advirtió?'
A todo esto, Fudge ya se había reído.
'Mi querido Primer Ministro, ¿vas a engañar a alguien?'
Todavía vacilando, Fudge había lanzando algún tipo de poder en el fuego, que se introdujeron en las llamas color esmeralda y se desaparecieron con un chirrido. El Primero Ministro había estado ahí, un poco inmóvil, y se dio cuenta de que nunca, a lo largo de su vida, se atrevería a mencionar este encuentro a un alma viviente, ¿y quién le creería a lo largo y ancho del Mundo?
El shock había tomado un pequeño tiempo para surgir efecto. Por un momento trató de convencerse a sí mismo de que Fudge había acertado en armar una alucinación por falta de sueño durante su campaña de elección. En un vano intento de deshacerse de todos los recuerdos de este inconfortable encuentro, ya le habría dado el gerbil a su querida sobrina e instruido a su Secretaria Privada que sacase el portarretratos del pequeño hombre feo que había anunciado el arribo de Fudge. Para consternación del Primer Ministro, sin embargo, el portarretratos había demostrado su imposibilidad de ser extraído. Cuando decenas de carpinteros, un albañil o dos, un historiador artístico y el Ministro de Hacienda habían tratado sin éxito de desencajarlo de la pared, el Primer Ministro había abandonado el intento y simplemente se esperanzó que la cosa permaneciera sin movimiento y en silencio por el resto de su estadía en esa oficina. Ocasionalmente pudo jurar haber visto al ocupante bostezando, o rascándose la nariz: regularmente, una vez o dos veces, simplemente caminando fuera del enmarque y dejando el lienzo de un color marrón y como con barro. Sin embargo, intentó no mirar demasiado ese cuadro, y decirse a sí mismo firmemente que sus ojos le gastaban una broma cuando algo como esto ocurría.
Hacía tres años, una noche muy parecida a esta, el Primer Ministro había estado solo en su oficina cuando el portarretratos había anunciado una vez más el inminente arribo de Fudge, quien se había aparecido de entre las llamas, empapado y en un estado de considerable pánico. Antes de que el Primer Ministro pudiese entender por qué había estado sudándose a lo largo de todo el Arsminster, Fudge ya había comenzado a despotricar acerca de una prisión de la que el Primer Ministro nunca había escuchado hablar antes, un hombre llamada 'Sirius' Black, algo que sonaba como Hogwars y un niño llamado Harry Potter, ninguno de los cuales le pareció tener sentido al Primer Ministro.
'... Recién acabo de llegar de Azkaban, ' jadeó Fudge, sacando un montón de agua del borde de su sombrero en su bolsillo. 'A Mitad del Mar del Norte, ya sabes, un vuelo desagradable... los Dementores estaban alborotados -' se estremeció '- nunca han tenido una visita antes. De todos modos, he tenido que venir hasta usted, Primer Ministro. ¡Black es un conocido asesino de Muggles y estaría planeando unirse con Quien-Usted-Ya-Sabe!' Había mirado fijamente y esperanzadamente al Primer Ministro por un momento, y luego dijo, 'Bien, siéntate, siéntate, me gustaría ponerte al tanto... tomemos un whisky...'
El Primer Ministro se había molestado un poco de que lo invitara a sentarse siendo ésta su oficina, y que se ofreciera su propio whisky, pero se sentó, de todo modos. Fudge había sacado su varita, acercado dos grandes vasos llenos de un liquido ámbar fuera del fino aire, poniendo uno de estos en una de las manos del Primer Ministro y arrimando una silla.
Fudge habló cerca de una hora. En ese punto, se retrajo de decir un cierto nombre en voz alta, y, para contrarrestar, lo escribió en un trozo de pergamino, que había confiado en una de las manos libres del Primer Ministro que no sostenía el vaso de whisky. Cuando Fudge se puso de pié, el Primer Ministro lo imitó también.
'Por lo que crees que...' bajó su mano izquierda. 'Lord Vol-'
'¡El Que No Debe Ser Nombrado!' Gruñó Fudge.
'Disculpe... ¿entonces piensas que El Que No Debe Ser Nombrado está todavía vivo?'
'Bueno, Dumbledore dice que sí,' dijo Fudge, como si hubiese escuchado su capa a rayas bajo su barbilla, 'pero no lo hemos encontrado. Si me preguntas, él no es peligroso a menos que tenga apoyo, por lo que es Black por quien debemos preocuparnos. ¿Entendiste esa advertencia? Excelente. Bueno, ¿creo que no nos veremos nuevamente, Primer Ministro? Buenas Noches.'
Pero se habían visto nuevamente. Menos de un año anteriormente, un sorprendido Fudge se materializó en el frío aire del Gabinete para informarle al Primer Ministro que había habido un poco de molestia por la Copa Mundial de Qwidditch (o al menos así sonaba) y que decenas de Muggles se habían 'involucrado', pero el Primer Ministro pareció no significarle demasiado que se haya visto la marca de Quien-Usted-Tú-Sabes: Fudge estaba seguro que esto era un hecho aislado y que la Oficina Muggle de Contacto estaba intentando con todas las modificaciones mientras hablaban.
'OH, y casi olvido,' agregó Fudge. 'Estamos importando tres dragones extranjeros y una esfinge para el Torneo de los Tres Magos, un poco de rutina, pero el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas me dijo que está en las reglas que debo notificarle si traemos criaturas altamente peligrosas al país.'
'Yo - qué - ¿dragones? Farfulló el Primer Ministro.
'Sí, tres,' dijo Fudge. 'Y una esfinge. Bueno, qué tengas buen día.'
El Primer Ministro creía una y otra vez que los dragones y las esfinges podría ser lo peor de todo esto, pero no. En menos de dos años siguientes, Fudge se había aparecido de entre el fuego nuevamente, esta vez con las noticias de que había habido una fuga en masas de Azkaban.
'¿Una fuga masiva?' El Primer Ministro repitió habiendo escuchado.
'¡No hay que preocuparse, no hay que preocuparse!' Había gritado Fudge, todavía con una pierna en el fuego. 'Ya los tendremos rodeados en poco tiempo - ¡solo pensé que debería saberlo!'
Y antes de que el Primer Ministro pudiese gritar, 'Ahora, puede esperar solo un momento?' Fudge se había desintegrado en una lluvia de chispas verdes.
Diga lo que diga la prensa y la oposición, el Primer Ministro no era un hombre estúpido. No se le había escapado de notar que, a pesar de las garantías de Fudge en su primer encuentro, ahora se estaban viendo un poco más, ni Fudge se ponía nervioso con cada visita. No obstante, le gustaba saber del Ministro de Magia (o, como siempre llamó a Fudge en su mente, 'el Otro Ministro'), el Primer Ministro no podía ayudar, pero temía que la próxima vez que se apareciera Fudge sería con más graves noticias. El ver, por lo tanto, a Fudge saliendo de la chimenea una vez más, desaliñado y demasiado nervioso y severamente sorprendido de que el Primer Ministro no supiera exactamente por qué él estaba allí, fue la peor cosa que ocurrió en el transcurso de esta extremadamente abatida semana.
’¿Cómo podría saber lo que estaba ocurriendo en la – este – comunidad Mágica?’ Chasqueó el Primer Ministro. ‘Tengo un país que manejar y suficientes preocupaciones por el momento sin –‘
’Tenemos las mismas preocupaciones,’ interrumpió Fudge. ‘El Puente Brockdale no se desgastó. No fue un huracán. Esos asesinos no eran trabajo de Muggles. Y la familia de Herbert Chorley podría estar a salvo sin él. Estamos acordando para poder transferirlo al Hospital San Mungo de Enfermedades Mágicas. El traslado debe efectuarse esta noche.’
’A qué té... Tengo miedo... ¿Qué?’ Protestó el Primer Ministro
Fudge tomó un gran y profundo suspiro y dijo, ‘Primer Ministro, lamento mucho decirte que él ha vuelto. El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado ha vuelto’.
’¿Ha vuelto? Cuándo dices ‘vuelto’... ¿está vivo? Me refiero –‘
El Primer Ministro buscó en su memoria los detalles de aquella horrible conversación de tres años atrás, cuando Fudge le había contado acerca de un mago a quien temía todo el resto, el mago que había cometido miles de crímenes terribles antes de su misteriosa desaparición quince años atrás.
’Sí, vivo,’ dijo Fudge. ‘Eso es – No lo sé – es un hombre vivo si, ¿no puede ser matado? Realmente no lo entiendo, y Dumbledore no lo explicará bien – pero de todos modos, él tiene un cuerpo y camina y habla y mata, por lo que supongo, por los propósitos de esta charla, sí, él esta vive.’
El Primer Ministro no sabía qué decir, pero un hábito persistente de desear estar bien informado de cualquier tipo de cosa que se le presente le hizo proyectar cualquier detalle que pudiera recordar de conversaciones previas.
’¿Es Sirius Black con – este – El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado?’
’¿Black? ¿Black?’ Dijo Fudge discretamente, poniendo su sombrero rápidamente en sus dedos. ‘¿Sirius Black te refieres? Por las barbas de Merlín, no. Black está muerto. Al final estábamos – este – equivocados con Black. Era inocente. Y no estaba ligado a El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado. Me refiero,’ agregó en defensiva, haciendo girar su sombrero más rápidamente, ‘las evidencias señalan – tenemos más de cincuenta testigos – pero de todos modos, como digo, está muerto. Asesinado, de hecho. En las inmediaciones del Ministerio de Magia. Va a haber una investigación, por ahora...’
Para su gran sorpresa, el Primer Ministro sintió un fugaz intento de pena por Fudge. Era, sin embargo, eclipsado casi inmediatamente por un resplandor de poco engreído, deficiente como si estuviese en el área de fuego donde se materializa, nunca había habido un asesinato en ningún departamento de gobierno bajo su cargo... Hasta ahora no...
Mientras el Primer Ministro intermitentemente tocaba la madera de su escritorio, Fudge continuó, ‘Pero los Black... El punto es que estamos en guerra, Primer Ministro, y se deben tomar medidas.’
’¿En guerra?’ Repitió el Primer Ministro nerviosamente. ‘¿Seguramente es un poco exagerado?’
’El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado se ha unido ahora con esos seguidores que se fugaron de Azkaban en Enero,’ dijo Fudge, hablando más y más rápidamente y girando su sombrero tan rápido que parecía un desdibujado verde-lima. ‘Desde que se escaparon, han estado haciendo estragos. El Puente Blockdale – lo hizo él, Primer Ministro, amenazó a un montón de Muggles sé matarlos a menos que estuviera lejos de él –‘’¡Qué dolor, por lo que es tu culpa que esa gente fuera asesinada y tengo que responder preguntas sobre el camión oxidado y corroer las juntas en expansión y no sé qué más!’ Dijo el Primer Ministro furiosamente.
’¡Mi culpa!’ Dijo Fudge, sonrojándose. ‘¿Estás diciendo que habrías entrado en ese chantaje así?’
’Quizás no,’ dijo el Primer Ministro, parándose y dando zancadas en la habitación, ‘pero hubiese puesto todos mis esfuerzos en atrapar al chanta antes de que cometiera semejante atrocidad!’
’¿Realmente piensas que no he estado haciendo demasiados esfuerzos?’ Demandó Fudge acaloradamente. ‘Cada Auror en el Ministerio estuvo – y está – tratando de encontrarlo y persigue a sus seguidores, pero ocurre que estamos hablando de uno de los magos más poderosos de todos los tiempos, ¡un mago que ha eludido la captura por más de tres décadas!’
’¿Por lo que supongo que me vas a decir que causó un huracán en el West Country también?’ Dijo el Primer Ministro, su temperamento comenzaba a subir en cada paso que daba. Le enfurecía descubrir la razón de estos terribles desastres y no poder decírselo al público, casi peor que sea la culpa del gobierno.
’Eso no fue un huracán,’ dijo Fudge miserablemente.
’¡Perdóname!’ Ladró el Primer Ministro, ahora pateando hacia arriba y hacia abajo. ‘Árboles caídos, techos rotos, alumbrados torcidos, daños horribles-‘
’Fueron los Mortífagos,’ dijo Fudge. ‘Los seguidores de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado. Y ... sospechamos que un gigante también participó.’
El Primer Ministro detuvo su caminada como si se hubiese golpeado con una pared invisible. ¿Qué participó?’
Fudge hizo una mueca. ‘Usó gigantes la última vez, cuando quería un gran efecto,’ dijo. ‘La Oficina de la Desinformación ha estado trabajando a reloj, hemos tenido equipos de Desmemorizadores tratando de modificar las memorias de todos los Muggles que vieron realmente lo que ocurrió, tenemos más en el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas por Sumerset, pero no podemos encontrar al gigante – ha sido un desastre.’
’¡Ni lo digas!’ dijo el Primer Ministro furiosamente.
’No niego que la moral está un poco baja en el Ministerio,’ dijo Fudge. ‘Y con todo esto, y luego al perder a Amelia Bones.’
’¿Perder a quién?’
’Amelia Bones. Cabeza del Departamento de Esfuerzo por la Ley Mágica. Pensamos que El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado podría haberla asesinado en persona, porque era una bruja muy eficiente – y toda la evidencia marca de que estuvo en un duelo.’
Fudge aclaró su garganta y, con esfuerzo, paró de girar su sombrero.
’Pero ese asesinato estaba en los periódicos,’ dijo el Primer Ministro, momentáneamente desviado por su enojo. ‘Nuestros periódicos. Amelia Bones ... se dice que era una mujer de mediana edad que vivía sola. Fue un asesinato horrible, ¿verdad? Ha tenido mucha publicidad. La policía se desconcertó, ya ves.’
Fudge suspiró. ‘Bien, por supuesto que están,’ dijo. ‘Asesinada en una habitación que estaba cerrada por dentro, ¿no? Nosotros, por otro lado, sabemos exactamente quién lo hizo, nos lleva a tener información adicional para atraparlo. Y luego estaba Emmeline Vance, quizás no escuchaste hablar de esa-‘
’¡Oh, si he escuchado!’ dijo el Primer Ministro. ‘Ocurrió justo en la esquina de aquí, de hecho. Los periódicos han tenido un día muy participativo. ‘desglose de la justicia y orden en el jardín del Primer Ministro-‘
’Y como si no fuera suficiente,’ dijo Fudge, apenas escuchando al Primer Ministro, ‘tenemos a los Dementores por todos lados, atacando gente, por izquierda, derecha, y centro ...’
Había una parte feliz en esta oración que podría haber sido intangible para el Primer Ministro, pero ahora estaba más prudente.
’Pensé que los Dementores eran los guardianes de los prisioneros en Azkaban,’ dijo cautelosamente.
’Eran,’ dijo Fudge desgastadamente. ‘Pero ya no. Han vaciado la prisión y se han unido con El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado. No pretendo que fuese un golpe.’
’Pero,’ dijo el Primer Ministro, con un sensación horrible amanecer, ‘¿no me dijiste que son criaturas que absorben la esperanza y felicidad de las personas?’
’Correcto. Y las absorben. Eso es lo que causa toda esta neblina.’
El Primer Ministro dio un salto, con sus rodillas débiles, a la silla más cercana. La idea de criaturas invisibles vagando por las ciudades y el país, propagando desesperación y desesperanza en sus votantes, hizo que se sintiera como que se iba a desmayar.
’Veamos ahora, Fudge - ¡tiene que hacer algo! ¡Es su responsabilidad como Ministro de Magia!’
’Mi querido Primer Ministro, no puede pensar honestamente que todavía soy el Ministro de Magia después de todo esto? ¡Me despidieron hace tres días! Toda la Comunidad Mágica ha estado gritando por mi dimisión por las noches. ¡Nunca los he visto tan unidos en todo mi periodo de gobierno!’ dijo Fudge, con una sonrisa brava.
El Primer Ministro perdió momentáneamente las palabras. A pesar de su dimisión en la posición en la que estaba, todavía sentía algo por el hombre de mirada débil sentado frente a él.
’Lo siento mucho,’ dijo finalmente. ‘¿Hay algo que pueda hacer?’
’Es muy amable de tu parte, Primer Ministro, pero no hay nada. Fui enviado aquí para actualizarte con los eventos recientes e introducirte a mi sucesor. Raramente pensaría que esté aquí ahora, pero, por supuesto, está muy ocupado por el momento, con mucho para hacer.’
Fudge miró el portarretratos del pequeño hombre feo que tenía una larga peluca plateada y rizada, que se metía en su oído. Notando la mirada de Fudge, el retrato dijo, 'Él estará aquí en un momento, está terminando una carta para Dumbledore.'
'Le deseo toda la suerte,' dijo Fudge, pareciendo amargado por primera vez. 'He estado escribiendo a Dumbledore dos veces al día en la quincena pasada, pero él no se moverá. Si él solo hubiera estado preparado para convencer al muchacho, yo todavía podría ser ... Bien, tal vez Scrimgeour tendrá más éxito.'
Fudge se hundió en lo que era claramente un silencio apenado, pero fue roto casi inmediatamente por el retrato, que de repente habló de su voz crujiente, oficial.
'Al primer ministro Muggle. Solicitud de una reunión. Urgente. Amablemente responda inmediatamente. Rufus Scrimgeour, Ministro de Magia.'
'Sí, sí, bien,' dijo el Primer Ministro distraídamente, y apenas se estremeció como las llamas en la rejilla se volvieron verde esmeralda otra vez, y reveló un segundo mago girando en su centro, vertiéndolo momentos más tarde en la antigua alfombra.
Fudge se puso de pie y, después de vacilar un momento, el Primer Ministro hizo lo mismo, mirando al recién llegado enderezarse, y sacudir el polvo de su larga túnica negra, y mirar alrededor.
El absurdo primer pensamiento del Primer Ministro era que aquel Rufus Scrimgeour parecía más bien un viejo león. Había rayas de color gris en su melena de pelo rojizo y sus cejas espesas; tenía ojos penetrantes amarillentos detrás de un par de gafas de metal con bordes y cierto rangy, con gracia aun cuando él anduviera con una cojera leve. Tenía una impresión inmediata de habilidad y dureza; el Primer Ministro creyó entender por qué la comunidad Mágica prefirió a Scrimgeour en vez de Fudge como un líder en estas peligrosas circunstancias.
'¿Cómo está Ud.?,' dijo al Primer Ministro correctamente, ofreciendo su mano.
Scrimgeour estrechó su mano brevemente, sus ojos exploraron el cuarto, luego sacó una varita mágica de su túnica.
'¿Fudge le dijo todo?,' preguntó, cruzando de un tranco la puerta y tocando el ojo de la cerradura con su varita mágica. El Primer Ministro oyó el chasquido de la cerradura.
'Hem ... sí,' dijo el Primer Ministro. 'Y si no le importa, yo preferiría que la puerta permaneciera abierta.'
'Yo preferiría no ser interrumpido,' dijo Scrimgeour en seguida, 'o mire’ añadió él, apuntando su varita mágica hacia las ventanas, de modo que las cortinas se cerraron ante ellos. ‘Bien, puesto que soy un hombre ocupado, vamos al grano. Ante todo, tenemos que hablar de su seguridad.’
El primer ministro se levantó hasta su completa altura y contestó, ‘estoy absolutamente feliz con la seguridad que ya me he puesto, gracias muchas…’
‘Bien, nosotros no,’ interrumpió Scrimgeour. ‘Esto será una vigilancia pobre para los Muggles si su Primer Ministro es puesto bajo la Maldición de Imperius. El nuevo secretario en su oficina externa…’
‘¡No me deshago de Kingsley Shacklebolt, si esto es lo que usted sugiere!,’ dijo el Primer Ministro con vehemencia. ‘Él es sumamente eficiente, pasa dos veces por el trabajo, el resto de ellos…’
‘Eso es porque él es un mago,’ dijo Scrimgeour, sin un parpadeo de risa. ‘Un Auror sumamente entrenado, que le ha sido asignado para su protección.’
‘¡Ahora, espere un momento!,’ declaró al Primer Ministro. ‘Usted no puede poner a su gente en mi oficina, yo decido quién trabaja para mí...’
‘¿Pensé que usted era feliz con Shacklebolt?’ dijo Scrimgeour con frialdad.
‘Lo estoy - es decir, lo estaba...’
‘¿Entonces no hay ningún problema de que esté aquí?’ dijo Scrimgeour.
‘... bien, mientras el trabajo de Shacklebolt siga siendo ... e ... excelente,’ dijo el Primer Ministro sin convicción, pero Scrimgeour apenas pareció oírlo.
‘Ahora, sobre Herbert Chorley, su Asistente,’ continuo. ‘El que ha estado entreteniendo el público imitando a un pato.’
‘¿En cuanto a él?’ preguntó el Primer Ministro.
‘Él claramente ha reaccionado a una Maldición Imperius mal realizada,’ dijo Scrimgeour. ‘Esto afectó su cerebro, pero todavía podría ser peligroso.’
‘¡Él solo estaba cuacando!’ dijo el Primer Ministro débilmente. ‘Seguramente un poco de un algo ... tal vez vaya fácil sobre la bebida ...’
‘Un equipo de Curanderos del Hospital de San Mungo para Enfermedades y Heridas Mágicas lo examina, como hablamos. Hasta ahora él ha intentado estrangular a tres de ellos,‘ dijo Scrimgeour. ‘Pienso que es mejor que lo quitemos de la sociedad Muggle un ratito.’
‘Yo ... bueno... ¿Él estará bien, verdad?’ dijo el Primer Ministro con inquietud.
Scrimgeour simplemente se encogió, moviéndose hacia atrás, hacia la chimenea.
‘Bien, esto es realmente todo lo que tenía que decir. Lo mantendré al tanto de los acontecimientos, Primer Ministro - o, al menos, probablemente estaré demasiado ocupado para venir personalmente, en el caso de que yo no pueda, enviaré a Fudge aquí. Él ha consentido para quedarse en una capacidad consultiva.’
Fudge intentó reír, pero estaba fracasado; simplemente miró como si tuviera un dolor de muelas. Scrimgeour ya revolvía en su bolsillo para el polvo misterioso que ponía el fuego de color verde. El Primer Ministro los miró fijamente sin esperanzas durante un momento, entonces las palabras que él había luchado para suprimir toda la tarde, reventaron en él por fin.
‘¡Pero por todos los cielos ... ustedes son magos! ¡Ustedes pueden hacer magia! ¡Seguramente usted puede hacer ... bueno ... algo!’
Scrimgeour giró despacio sobre el terreno y cambió una mirada incrédula con Fudge, quien realmente manejó una risa esta vez cuando dijo amablemente, ‘el problema es, su lado puede hacer la magia también, Primer Ministro.’
Y con esto, los dos magos dieron un paso uno tras otro en el fuego brillante verde y desaparecieron.

Antes que nada...

...saludos a todos!! Este blog fue creado con el propósito de mostrar toda la información posible a los fans de Harry que esperen por la mágica sexta aventura. Yo tambien soy uno de esos fans, lo suficientemente fanatica como para esperar este libro con ansiedad, pero no tanto como para lanzarme a la carga junto con la horda de frenéticos fans apenas llega la edición en inglés de éste… decidií, en cambio, esperar que salga en castellano. Sin embargo, había también una hermosa alternativa; conseguirlo de la red.

Lo logré.

Luego de varios downloads (que pude comprobar falsos) por medio de redes como el bittorrent, etc, pude hacerme con los primeros nueve capítulos originales, escritos por JK Rowling. Se los presto… a los tantos fanaticos como yo. Espero que los disfruten.